miércoles 3 de febrero de 2010

La utopía


Sic transit gloria mundi. De esta manera define San Pablo, en una de sus epístolas, la condición humana: la gloria del mundo es transitoria. Aun sabiéndolo, un hombre siempre está en la búsqueda de reconocimiento de su trabajo. ¿Por qué? Cuando me presenté como candidato para esta silla, al cumplir con el ritual de entrar en contacto con los miembros de la casa Machado de Asiss, encontré en el profesor Josué Montello algo semejante.

El me dijo: “Todo hombre tiene el deber de seguir el camino que pasa por su aldea”. ¿Por qué? ¿Qué hay en ese camino? ¿Qué fuerza es esa que nos empuja lejos de nuestra cómoda vida familiar y nos lleva a enfrentar desafíos, aun sabiendo que la gloria del mundo es transitoria?

Creo que ese impulso se llama: búsqueda del sentido de la vida. Durante muchos años busqué en los libros, en el arte, en la ciencia; recorrí esos caminos peligrosos o confortables para encontrar una respuesta satisfactoria a esa pregunta. Encontré muchas, algunas me convencieron por algunos años, otras no resistieron más de un día de análisis; ninguna de esas respuestas fue lo suficientemente fuerte como para que ahora yo pueda afirmar: el sentido de la vida es éste. Estoy convencido de que semejante respuesta jamás se nos revelará en esta vida; sin embargo, al final, en el momento en que estemos nuevamente frente al Creador, comprenderemos cada oportunidad que nos fue ofrecida, y que entonces fue aceptada o rechazada.

En un sermón de 1890, el pastor Henry Drummond habla de ese encuentro y formula una pregunta que posiblemente se nos formule. En este momento la gran pregunta del ser humano no será ¿Cómo viví?, sino ¿Cómo amé? La prueba final de toda búsqueda es la dimensión de nuestro amor.

Martin Luther King recordaba que los griegos tienen tres palabras para designar ese sentimiento: la primera es Eros, el amor saludable y necesario entre dos seres humanos que se buscan, se encuentran o se desencuentran. La segunda palabra es Philos, la pasión que nos lleva al encuentro de la sabiduría, los amigos, la filosofía, el legado de las generaciones anteriores. Finalmente existe la palabra Agape, o amor mayor, aquel al cual –como bien señalara Martin Luther King– se refería Jesús al decir: Ama a tus enemigos. Un amor que trasciende el acto de agradar, pues no nos puede agradar quien nos agrede, nos ofende o es injusto en sus comentarios, fatuo en sus acusaciones, prejuicioso en sus opiniones.

Entonces, la esencia del Agape no se encuentra sólo en los que me precedieron en esta Silla 21, sino en todas las sillas de esta casa, de este auditorio, en todas las sillas del mundo. Basta con reunir el coraje suficiente para luchar por los sueños y, de nuevo, me apropio de una expresión de San Pablo: “Librar un buen combate y mantener la fe”.

En 1986, cuando hacía el Camino de Santiago en busca de una espada, esa misma espada que en breve me será de nuevo entregada simbólicamente por el profesor Josué Montello, comprendí por primera vez el sentido de esa expresión.

Un buen combate es aquel en el que nos enzarzamos porque nuestro corazón va en ello. En las épocas heroicas, en tiempos de caballeros andantes, eso era fácil, había mucha tierra para conquistar y muchas cosas para hacer. Hoy, sin embargo, veo los campos de combate dentro de nosotros mismos. Un buen combate es aquel que emprendemos en nombre de nuestros sueños. Cuando se manifiestan dentro de nosotros con todo su vigor en la juventud, tenemos mucho coraje, pero así no aprendemos a luchar. Después de mucho esfuerzo terminamos aprendiendo, pero entonces ya no tenemos el mismo coraje. Por eso nos encerramos en nosotros mismos y nos convertimos en nuestro peor enemigo. Decimos que nuestros sueños eran infantiles, difíciles de realizar, o fruto del desconocimiento de la realidad de la vida. Matamos nuestros sueños porque tenemos miedo de luchar, de un buen combate.

El primer síntoma de que estamos matando nuestros sueños es la falta de tiempo. Las personas más ocupadas que conocí en mi vida siempre tenían tiempo para todo y para todos. Las que no hacen nada están siempre cansadas, no se dan cuenta del poco trabajo que tienen que hacer, o se quejan de que el día es demasiado corto. La verdad, esas personas tienen miedo de saber adónde va ese misterioso camino que pasa por su aldea.

El segundo síntoma de la muerte de nuestros sueños son nuestras certezas. Porque no queremos enfrentar la vida como una gran aventura por ser vivida, pasamos a juzgarnos como sabios, justos y correctos. Miramos más allá de las murallas de nuestro mundo organizado, donde la ciencia y la filosofía ya tienen todas las respuestas, donde las dudas ya fueron resueltas por las ideologías, conceptos y preconceptos. Miramos y vemos las grandes derrotas de los guerreros sedientos de conquista; oímos el ruido de las lanzas que se quiebran, sentimos el olor de sudor y pólvora. Entonces afirmamos desde lo alto de nuestras torres de marfil: Ellos no saben lo que yo sé.

Finalmente, el tercer síntoma de la muerte de nuestros sueños es la paz. La vida pasa a ser una tarde de domingo, sin esperar grandes cosas, o sin exigir más de lo que queremos dar. Decidimos que estamos maduros, dejamos de lado las fantasías de la infancia, y conseguimos nuestra realización personal y profesional. Nos sorprendemos cuando alguien de nuestra edad dice que todavía quiere esto o aquello de la vida. Pero, la verdad, en lo más íntimo de nuestro corazón sabemos que lo que pasó es que renunciamos a la lucha por nuestros propios sueños. Cuando encontramos cierta paz tenemos un breve período de tranquilidad. Pero los sueños muertos empiezan a pudrirse dentro de nosotros, infectan el ambiente en que vivimos. Ninguno de los ocupantes de esta Silla 21 experimentó –gracias a Dios– esa terrible paz. El dramaturgo Dias Gomes, en su discurso de admisión la llamó Silla de Libertad. El economista Roberto Campos la nombró como Silla del Eclecticismo. Yo por el momento preferiría llamarla Silla de Utopía. Utopía en un sentido clásico, referido a un momento ideal de la historia de la civilización en la cual todas las conquistas del hombre serían consolidadas entre sus semejantes; el país imaginario del escritor inglés Tomás Moro (1480-1535), donde un gobierno organizado de la mejor manera proporciona óptimas condiciones de vida a un pueblo equilibrado y feliz.

Sic transit gloria mundi. La gloria del mundo es transitoria, y no es ella quien da la dimensión de nuestra vida, sino aquello que hacemos para seguir nuestro camino personal, dar vida a nuestras utopías y luchar por nuestros sueños. Todos somos protagonistas de nuestras vidas, y muchas veces son los héroes anónimos los que dejan las marcas más duraderas.

Cuenta una leyenda japonesa que cierto monje, deslumbrado por la belleza del Tao Te King, resolvió reunir fondos para traducir y publicar esos versos en su lengua natal. Demoró diez años en conseguir el dinero.

Pero entonces una peste asoló su país, y el monje decidió usar el dinero para aliviar el sufrimiento de la gente. En cuanto la situación se normalizó, volvió a dedicarse a reunir fondos. Pasaron otros diez años, y cuando se disponía a imprimir el libro, un maremoto dejó a centenas de personas sin techo.

El monje nuevamente gastó el dinero en reconstruir las casas para los despojados. Al cabo de otros diez años, volvió a reunir el dinero, y finalmente el pueblo japonés pudo leer el Tao Te King. Dicen los sabios que en realidad el monje hizo tres ediciones del Tao: dos invisibles y una impresa. Realizó su utopía, luchó el buen combate, mantuvo la fe en su objetivo, pero no dejó de prestar atención a sus semejantes. Que así sea con todos nosotros: a veces los libros invisibles, nacidos de la generosidad hacia el prójimo, son tan importantes como los que llevan a los escritores a ocupar un sitio en la Academia Brasileña de Letras.

Por Paulo Coelho

fuente: http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=451538

jueves 7 de enero de 2010

SI de Rudyard Kipling

SI...

Si puedes mantener intacta tu firmeza
Cuando todos vacilan a tu alrededor
Si cuando todos dudan, fías en tu valor
Y al mismo tiempo sabes exaltar su flaqueza.

Si sabes esperar y a tu afán poner brida
O blanco de mentiras esgrimir la verdad
O siendo odiado, al odio no le das cabida
Y ni ensalzas tu juicio ni ostentas tu bondad.

Si sueñas, pero el sueño no se vuelve tu rey
Si piensas y el pensar no mengua tus ardores
Si el triunfo y el desastre no te imponen su ley
Y los tratas lo mismo como dos impostores.

Si puedes soportar que tu frase sincera
sea trampa de necios en boca de malvados.
O mirar hecha trizas tu adorada quimera
Y tornar a forjarla con útiles mellados.

Si todas tus ganancias poniendo en un montón
las arriesgas osado en un golpe de azar
y las pierdes, y luego con bravo corazón
sin hablar de tus pérdidas vuelves a comenzar.

Si puedes mantener en la ruda pelea
alerta el pensamiento y el músculo tirante
para emplearlo cuando en ti todo flaquea
menos la voluntad que te dice adelante.

Si entre la turba das a la virtud abrigo
Si no pueden herirte ni amigo ni enemigo
Si marchando con reyes del orgullo has triunfado
Si eres bueno con todos pero no demasiado.

Y si puedes llenar el preciso minuto
en sesenta segundos de un esfuerzo supremo
tuya es la tierra y todo lo que en ella habita
y lo que es más serás hombre hijo mío…

Rudyard Kipling
: http://es.wikipedia.org/wiki/Rudyard_Kipling

jueves 10 de diciembre de 2009

Oración del Padre Mugica

"Señor Perdóname por haberme acostumbrado a ver que los chicos parezcan tener ocho años y tengan trece.
Señor perdóname por haberme acostumbrado a chapotear en el barro. Yo me puedo ir, ellos no.
Señor perdóname por haber aprendido a soportar el olor de aguas servidas , de las que puedo no sufrir, ellos no.
Señor perdóname por encender la luz y olvidarme que ellos no pueden hacerlo.
Señor: Yo puedo hacer huelga de hambre y ellos no, porque nadie puede hacer huelga con su propio hambre.
Señor: perdóname por decirles 'no sólo de pan vive el hombre' y no luchar con todo para que rescaten su pan.
Señor: quiero quererlos por ellos y no por mí.
Señor: quiero morir por ellos, ayúdame a vivir para ellos.
Señor: quiero estar con ellos a la hora de la luz."

martes 24 de noviembre de 2009

Bendita tu luz - Mana

Esta es una canción muy especial.
Significa tanto para nosotros... nos demuestra como una mirada nos puede cambiar la vida.


Letra

Bendito el lugar y el motivo de estar ahí
bendita la coincidencia.
Bendito el reloj que nos puso puntual
ahí bendita sea tu presencia.
Bendito Dios por encontrarnos en el camino
y de quitarme esta soledad de mi destino.

Bendita la luz,
bendita la luz de tu mirada
bendita la luz,
bendita la luz de tu mirada
desde el alma.

Benditos ojos que me esquivaban,
simulaban desdén que me ignoraba
y de repente sostienes la mirada.
Bendito Dios por encontrarnos
en el camino y de quitarme
esta soledad de mi destino.

Bendita la luz,
bendita la luz de tu mirada
bendita la luz,
bendita la luz de tu mirada, oh.

Gloria divina de esta suerte,
del buen tino,
de encontrarte justo ahí,
en medio del camino.
Gloria al cielo de encontrarte ahora,
llevarte mi soledad
y coincidir en mi destino,
en el mismo destino.
Épale

Bendita la luz,
bendita la luz de tu mirada
bendita la luz,
bendita la luz de tu mirada.

Bendita mirada, oh,
bendita mirada desde el alma.
Tu mirada, oh oh,
bendita, bendita,
bendita mirada,
bendita tu alma y bendita tu luz.
Tu mirada, oh oh.
Oh oh, te digo es tan bendita
tu luz amor.
Y tu mirada oh, oh.
Bendito el reloj y bendito el lugar,
benditos tus besos cerquita del mar.
Y tu mirada, oh, oh.
Amor amor, qué bendita tu mirada,
tu mirada amor.

viernes 11 de septiembre de 2009

Isaac muere


Cierto rabino era adorado por su comunidad. Todos quedaban encantados con lo que decía.
Menos Isaac, que no perdía oportunidad de contradecir las interpretaciones del rabino, de señalar fallas en sus enseñanzas. Los otros se enojaban con Isaac, pero no podían hacer nada.
Un día, Isaac murió. En el entierro, la comunidad advirtió que el rabino estaba profundamente apenado.
-¿Por qué tanta tristeza? –comentó alguien. ¡Isaac no hacía más que encontrar defectos a todo lo que usted decía!
-No lloro a mi amigo que ya está en el cielo –respondió el rabino. –Lloro por mí. Mientras todos me reverenciaban, él me desafiaba, y yo me sentía obligado a mejorar. Ahora que él se fue, tengo miedo de dejar de crecer.

Pablo Coelho

miércoles 2 de septiembre de 2009

Ave Maria

Esta es una interpretacion genial de Jairo.
Realmente cuando uno la escucha siente que vibra la sangre....

Gracias Jairo por regalarnos esta interpretación.


miércoles 12 de agosto de 2009

Wind of change

Esta canción ha simbolizado muchas cosas en mi vida...
Pero especialmente me marcó en un momento donde necesariamente debía realizar un CAMBIO.
Por designios divinos a otra persona le pasó lo mismo... y hoy nos representa a los dos.

Versión elegida tocada por el grupo Scorpions y la Orquesta Filarmónica de Berlin.
Sencillamente imperdible!!




Link